Naturaleza

El paisaje es un dibujo.

El paisaje presenta en el entorno de Cabezón una trinidad de formas que los estudiantes de geografía conocen a la perfección: páramos, cuestas y valle. Capital del Cerrato, el río en Cabezón separa dos láminas geográficas bien definidas: los páramos y los montes Torozos. La incisión de sus aguas da como resultado un amplio valle en el que el río, como en un arrebato de humildad no discurre por el centro sino desplazado hacia el sur.

Esta pirueta confiere al páramo de cabezón una personalidad que le distingue de los vecinos. Crea anchos valles que individualizan largos y estrechos espigones calcáreos, en ocasiones muy fragmentados en cerros, muelas y mamblas. Son los cerratos.
Las cuestas. Láminas de terreno en pendiente que hacen de nexo entre el páramo y el valle del río. En estas formaciones es frecuente la presencia de yeso cristalizado. Cuando este yeso tiene forma de punta de lanza se llama rabillo, y aljez cuando forma niveles centimétricos. La tensa labor del río a lo largo de cientos de años ha ido haciendo retroceder al frente de las cuestas del páramo dando lugar a unos espectaculares cortados fluviales. Ciertos atardeceres del verano ponen en estos perfiles unos tonos de oro maduro y lumbre a los que el contraste del blanco les da un resultado final de magia.
El valle finalmente es como la piel más significativa de Cabezón. El río describe en él un caprichoso meandro, Su cauce ha ido dando lugar a distintas terrazas fluviales que se suceden unas tras otras como peldaños.
En cuanto a potencialidades de cultivo, el páramo tiene buenas aptitudes. Las cuestas en cambio, carecen de cualquier posibilidad, mientras que el valle ofrece un feraz suelo de vega con óptimos índices de fertilidad tanto por las condiciones naturales como por la inteligente labor de cultivo y abonado que los agricultores han llevado a cabo sobre ellos.



De tomillos y mimbrajos.

Hasta hace poco lo que llamamos naturaleza, ese conjunto de secretos en torno a plantas, árboles, pájaros, tonos y aromas era privilegio, por así decir, de unos pocos iniciados vinculados a los viejos oficios de la tierra: cultivo, pastoreo, caza y ese nomadismo pintoresco de algunos seres extraños. Hoy vivimos una vuelta a estas realidades. A fuerza de soportar tantos embustes con lo humanos sentimos la súbita necesidad de dialogar con las plantas, escuchar los mensajes de los pájaros, descifrar el paisaje, sus ritmos, sus cambios, hasta sus humores.
Cabezón en este contexto es una pequeña universidad de saberes. En esa división apresura del paisaje que hemos hecho hay para todos los gustos: en el páramos descubriremos pequeñas manchas de encina y quejigo. Las cuestas son el dominio de distintos matorrales, principalmente escobillares mixtos y formaciones adaptadas a la presencia de yesos. En el escobillar el protagonista fundamental es el socarrillo, acompañado de la coronilla mínima y del lino blanco. En los afloramientos yesíferos, las especies más típicas son el chucarro, la efedra fina, el tomillo picante y el astrágalo de Narbona.
Hay que mencionar la replantación en las últimas décadas de las cuestas del páramo con pino carrasco (Pinus halepensis Miller) que en las más de las ocasiones no han pasado de un raquítico arbustedo, pues no ha podido resistir el rigor de los fríos invernales.
El último gran sector de vegetación natural es la asociada al río Pisuerga. En su cauce, y casi sumergidas en su totalidad, hallamos ranúnculos, aneas, salicarias y adelfillas. También podemos encontrar sauces arbustivos, cuérnago o mimbrajos; y ya más al interior chopos, álamos y algún fresno.

La fauna.

Como ya hemos señalado anteriormente hemos podido diferenciar el municipio de Cabezón de Pisuerga tres grandes conjuntos desde el punto de vista vegetal: los espacios abiertos, el matorral y el bosque de ribera. Dentro de la fauna lo más fácil de observar por el visitante o por los propios vecinos del pueblo son las aves. En los medios abiertos mandan el triguero y la cogujada común, pájaros de mediano tamaño y colores ocres y terrosos. También están presentes en este ámbito la collalba gris, la tarabilla común y destacando sobre ellos el halcón peregrino, que tienen como una de sus patrias a Cabezón.
Los paisajes de matorral están habitados por currucas, tanto la carrasqueña como la rabilarga.
La vegetación ribereña da cobijo a petirrojos, mirlos comunes, currucas capirotadas y papamoscas cerrojillos, sin olvidar a alas aves acuáticas: la polla de agua, la focha común y el ánade real. Debemos dejar constancia de la presencia singular de dos ardeidas: la garza real y el martinete que anidan en las cercanías de cabezón. Por último merece la pena destacar la presencia de un mamífero adaptado a la vida acuática como es la nutria, localizada en este tramo del Pisuerga.