Historia

Cabezón de Pisuerga fue considerado siempre lugar de gran importancia estratégica y defensiva. En el amplio rosario de lugares que componen el tapiz de la campiña que riega el Pisuerga, desde Palencia hasta Valladolid, Cabezón es quizá el punto en que más cómodamente se atraviesa el río. La cercanía de las márgenes y la escasa profundidad de sus aguas lo ha convertido, desde antiguo, en lugar privilegiado para el asentamiento y el control de paso. Al propio tiempo el Cerro de Altamira, situado sobre el río es pieza defensiva de extraordinario valor estratégico como punto fortificado y de observación. Dicho cerro da nombre al pueblo ("Cabezo" es el término que tradicionalmente se daba a un cerro alto o cumbre de una montaña) y ha impreso, por así decir, una cualidad en sus habitantes: la de saber ver. Algo así como una destreza especial en "verlas venir", tanto para los peligros como para las oportunidades. Esta es una de las fortunas históricas de Cabezón.

EDAD ANTIGUA

Por hallarse situada una buena parte de esta villa en el amplio valle del río Pisuerga, es decir, en una de las grandes vías naturales de penetración de los invasores de la Meseta norte, es probable que esta zona haya estado habitada desde los tiempos más remotos. Don Federico Wattenberg admitía la posibilidad de que en este término municipal estuviese ubicada la desaparecida ciudad vaccea de Pintia (Pincia) mencionada por Ptolomeo en su geografía del siglo II. Este famoso arqueólogo descubrió a su vez huellas de un antiguo castro o poblado fortificado indígena, posiblemente vacceo, en la margen izquierda del río. Los fosos y barrancos que le rodeaban aún pueden percibirse en nuestros días. Constituiría seguramente un discreto núcleo residencial conectado al asentamiento principal y originario, ubicado en el cerro de Altamira. Sus laderas siguen brindándonos hoy una increíble joya arqueológica de habitaciones rupestres de carácter casi troglodita, escenario austero y heroico de la vida de aquellos primeros pobladores.
También podemos señalar que hay una presencia fragmentada del esplendor político de la gran Roma en las humildes inmediaciones de Cabezón. De época romana aparecen, continuamente junto al río, abundantes restos de objetos de uso doméstico. Incluso pueden descubrirse breves tramos de una calzada, especie de autopista de aquellos tiempos, que unía Artúrica (Astorga) con Clunia (Peñalba de Castro) y que atravesaba el río por donde éste se ensanchaba y se convertía en lámina fácil de ser vadeada. En la orilla derecha, a unos tres kilómetros al sur del pueblo, en una finca denominada Santa Cruz, apareció hace poco un impresionante mosaico de época tardo romana. Localizado con toda probabilidad en lo que debió ser una importante villa romana, entre restos de muros y de una galería que mira al sur, exhibe en sus dibujos preciosidades homéricas de la Iliada.

mosaico
Mosaico de Sta Cruz

EDAD MEDIA

En el siglo V, los invasores bárbaros destruyeron los poblados y villas hispanorromanas de este término, cuando irrumpieron en la Meseta norte después de atravesar Vasconia y Cantabria. Posteriormente la paz volvería a reinar en esta zona al consolidarse la victoria del pueblo visigodo sobre los demás bárbaros. En el siglo VIII los ejércitos musulmanes invadieron nuestra Península dando fín de esta forma al dominio visigodo.
En el último tercio del siglo IX, las huestes cristianas del Rey Don Alfonso III el Magno reconquistaron todos los territorios situados al norte del Río Duero, entre los que se encontraba la comarca histórica del Cerrato. En el año 905, el citado monarca repobló y fortificó la villa de Cabezón, entonces denominada Cabezón de Cerrato, concediéndola varios privilegios. Por lo tanto, en el primer cuarto del siglo X es cuando, tal vez, fue construido el primitivo castillo medieval de esta villa, que estuvo situado en el cerro de Altamira. Esta fortaleza fue reconstruida posteriormente y con el pasar del tiempo volvió a derrumbarse antes de la edad contemporánea, mantuviéndose sus ruinas hasta el año 1846. El primitivo casco urbano de esta villa estuvo rodeado de una muralla que enlazaba con el castillo para aumentar su eficacia defensiva. Dicha muralla poseía varias puertas almenadas. La plaza fuerte de Cabezón tuvo singular importancia en los azarosos tiempos de la reconquista; sus impresionantes torres y murallas y su inmejorable situación estratégica la harían invulnerable a las embestidas enemigas.
En el siglo X la villa y plaza fuerte de Cabezón fue erigida en Cabeza de Alfoz, siendo gobernada por condes, bajo cuya jurisdicción se hallaban villas y aldeas de la zona. Entre las poblaciones que pertenecían al Alfoz o territorio jurisdiccional de Cabezón se hallaba la muy noble y famosa villa de "Valleolit" (hoy ciudad de Valladolid), situada en la confluencia de los ríos Pisuerga y Esgueva "in territorium Cabezone". Durante los siglos XI y XII
En la Alta Edad Media, se edificó el castillo sobre el Cerro Altamira. En el siglo VIII, las incursiones por el valle del Duero de las tropas de Alfonso I de Asturias trajo la devastación del núcleo. Otro rey asturiano, Alfonso III el Magno, ordenó repoblar y fortificar la villa un siglo después.
Más tarde se convirtió en CABEZA DE ALFOZ. Entre sus mandatarios se encontraba Pedro Ansurez, señor que también lo era de Valladolid. Fernando III el Santo agregó en 1243 la villa de Cabezón al concejo de Valladolid. Comenzaba una época de trasiegos señoriales: Sancho IV el Bravo dona el lugar a su médico, el maestro Nicolás. Éste lo vende a doña María de Molina. Y ésta lo dona al Convento de las Huelgas Reales, que acababa de fundarse en Valladolid.

En 1557, CARLOS V, de camino hacia su retiro en Yuste, conoció en Cabezón a su nieto Carlos de Austria.
También visitaron la localidad el rey Felipe II y, recién comenzado el siglo XVIII, la primera reina de la dinastía de los Borbones en España: María Luisa Gabriela de Saboya, esposa de Felipe V.

escudo saboya Escudo/Mª Luisa Gabriela de Saboya



De su paso ha quedado una inscripción en la fachada de una casa.
En 1808 se libra en Cabezón una de las batallas más sangrientas de la GUERRA DE LA INDEPENDENCIA. Las tropas españolas fueron derrotadas por las francesas. En 1812, hacia el final de la ocupación napoleónica, hubo otro intento de cortar el avance invasor dinamitando uno de los ojos del puente. No sirvió para mucho: Cabezón volvió a ser saqueado. Comenzó entonces un lento declive hasta que, bien entrado el siglo XX, se produce el RESURGIMIENTO, estando en la actualidad en plena expansión económica, cultural y social.